TOMO XI

Sábado 22 de junio de 1985

 

Mi abuelo llegó del hospital de nuevo a las 4:30 de la mañana de hoy. Está mal, muy mal y los diez minutos que estuve con él yo sola, porque no puede subir más que una persona, fueron diez minutos con los que luché conmigo para no llorar.

Sólo me dijo “hola” muy quedito y no volvió a abrir la boca mas que para respirar. Pobre abuelo y pobre toda esta familia vi a cada uno llorar y yo. . . .  me aguanté hasta explotar en mi casa hace unos minutos.

Por fin me he graduado, quizá no vuelva a ver a algunas compañeras, eso quizá, pero lo que si es cierto, es que nunca más volveré a verlas en el plan tan dulce, quizá algo amelcochado, de los días de monjas, de uniforme, de apuntes entre corazones y nombres masculinos, de prepa; en ese plan: NUNCA.

La misa empezó a las  6 de la tarde, mi madre y mi padre, aunque en el mismo lugar, cada uno por su lado, estaban ya ahí. Yo llegaría por mi lado con Marcela, o sea que para variar, llegamos en home, rayando, apenas. Entramos al teatro corriendo, deteniéndonos el birrete y cuidando la toga del aire que nos pegada, fuimos las últimas en entrar entre las vallas que formaba la gente.

-          Ustedes siempre - Nos dijo la madre, cuando nos vio entrar agitadas atrás de Adriana que por casualidad había llegado también en ese momento y de la misma cómica manera que nosotras.

 

Muertas de risa, con el cabello despeinado, los guantes en la mano y el birrete medio caído, llegamos a nuestro lugar. La misa se fue en un segundo y yo, poca atención puse por estar pensando en otras cosas. ¿Dónde estará papá? ¿Ya se habrán visto los dos?”

-          Psss Marcela...  Marcela. . .  pss Oye ¿Por qué no haces tu primera comunión ahorita?

-          ¡Como crees!

-          ¡Qué tiene! ¿No te gustaría? ¿No es el mejor momento? ¡Hey! Adriana. . . .  ¿no crees que. . .

 

Bendijeron los anillos y nosotras, pusimos uno cualquiera que traíamos, el mío lo llevé para eso y no es tan cualquiera, mi manita de plata. El agua bendita, nos empapó a todas. La misa siguió; comulgamos las tres y Marcela iba nerviosa

-          Felicidades

-          Gracias

 

“-Señor, gracias porque puedo estar aquí,

Gracias, porque mis padres pueden estar aquí,

No importa como.

Es ya mucho lo que he recorrido y sin embargo,

no siento que éste sea el final de algo,

La cosa sigue y estoy feliz de sentirme así.

No podía acabar aquí todo, y seguiré y

Espero que nunca me abandones,

porque este año, es cuando más te necesito”.

 

La misa terminó y empezaron las felicitaciones. Busqué a mi papá con los ojos, antes que a nadie y lo encontré. Me abrazó.

-          Felicidades mi’ja

-          Gracias

-          ¿Señor, una foto con la señorita?

-          Pues a ver…                    ¡ Clic !

-          Ahora sola

Son $2,000 señor y tiene que pasar a esta dirección por ellas, gracias.

Todo esto pasó en un segundo como el mismo “clic” de la foto. En el siguiente segundo, me perdí entre sus brazos y sentí su vientre moviéndose como el mío.

-          Gracias papá por haber venido

-          De nada mi’ja y sabes lo que te deseo

Mi cara ya estaba empapada y su cara también, lo cual me rompió el corazón.

-          Ten este libro, ya sabes que yo no soy bueno para regalarle a las mujeres.    

 

Recordé los tres juegos de aretes que me regaló en un cumpleaños, todos iguales; realmente nunca ha sido bueno para eso, pero si para escoger el libro exacto, pensé mientras leía “La elección “

-          Ciertamente de algo me debe servir este libro, ahora que tengo que elegir una carrera.

-          ¡Claro!

Seguíamos llorando

-          Será mejor que me vaya

-          Si, será mejor

En el tercer segundo, había desaparecido y yo, con los ojos llorosos buscaba a alguien entre la gente que me conociera y que me abrazara y en dos o tres pasos de ahí, estaba Paulina, niña que siempre encuentro en momentos como este esperando abrazarme.

-          Felicidades chillona

 

Después llegaron más y recibí muchos abrazos y felicitaciones. El más importante; el de mamá seguida de un

-          ¿Señora, señora una foto con la señorita? Y etcétera.

La Basílica estaba llena de gente, la tarde era preciosa y todos tenían cara de felicidad, todo realmente era perfecto y yo, ante Dios, estaba  graduada. Cómo me hubiera gustado ver a mis hermanos, a Vero y a Leonardo, aquella tarde en ese lugar.  Claro, Arturo estaba ahí.

 

Esa noche, cuando llegué a mi casa, mamá me invitó a cenar e invitó a Leonardo al que por fin encontré después de veinte vueltas y llamadas en la colonia “Tenía que estudiar” y por es no había ido a la misa, al otro día tendría dos exámenes por lo cual, tampoco iría a mi acto académico,  en fin.

Las pizzas estuvieron ricas y bajo un chipi, chipi por las calles mojadas y oscuras, no s venimos a la casa. Leonardo se fumó un cigarro sentado frente a mí y lo dejoò a la mitad como deja toooooodos los cigarros; no sé en realidad si sea mejor que los deje a la mitad por su salud o si se los acabe por caros.

Estábamos los dos de buenas y nos reíamos por todo.

-          De plano, estabas mejor de chiquita -me dijo, uno o dos días antes, había visto mi álbum de fotos y se llevó una, de cuando gané en viga en la Competencia Nacional, una foto cuyo fondo es una pared blanca carcomida del “Junior Club” en la que tengo mis pants rojos, dos colitas, 8 o 9 años, zapatillas blancas y el diploma a un lado, dejando ver la medalla que colgaba de mi cuello.

-          No te pediría esa foto

-          Ya, dime cuál es

-          èsta

-          tómala

-          ¿No me la vas a dedicar?

-          Si

-          No, mira si estuvieras igual de delgada como en la foto de la secundaria, con el pelo igual de largo, mira por aquí, sin fleco, o sea parejo ¡ya!  No pido más

-          Qué lindo caray y tú ¿Qué harías por mí?

-          ¿Qué quieres que haga?

-          Bueno, mmmmm en primera, nunca te quiero greñas, ¿O.K.? con el pelo cortito.

-          ¿Qué más? No quiero que andes sin calcetines y además, que te pongas esas playeras a la mitad del estómago y además que seas un caballero y que te deje del otro lado de la calle y que jale la silla y…

-          No, no, no, ya,  si eres un pelado es tu cuento, sòlo eso

-          O.K. desde el lunes te me pones hacer ejercicio y además, no te vuelve a cortar el pelo.

Me encanta que me trate así y que podamos estar del mismo humor ambos.

 

Al día siguiente o sea el sábado, a las 6 de la mañana sonó el timbre.

-          ¿Quién?

-          Hola señora

-          Hola Marcela

-          ¡Qué tu papá esta grave otra vez, que vayas al Hospital Gabriel Mancera

Oí entre sueños y comprendí que mamá no iría a mi graduación. La vi irse. Poco más tarde me levanté, me bañé y me disfracé de nuevo con aquella toga, aquellos guantes y aquel birrete.

Me veía mejor, no cabía duda y aunque triste, me invadió un ligero orgullo por mí misma.- “voy muy adelantada, cuantos quisieran estar en mi lugar, graduarse hoy y salir bien de la prepa. Realmente soy muy afortunada, no creo cambar ni querer cambiar lo que tengo hasta ahora por nada”.

El calor a las 10:30  que llegamos a la sala Ollin Yolistli era horrible y la gente ya estaba ahí, muchas niñas con togas negras, pero de diferente color en las mangas y el listón se veían reflejadas en los grandes espejos del recibidor del teatro. Unas arreglándose el fondo, otras peinándose, etc., todas muy guapas hasta la más fea se veía realmente bien.

Área II entramos siguiendo a las de Área I, mi papá y mi abuela Carmen ya estaban sentados con la cantidad de padres de familia que asistieron, ya estaba lleno; cuando al son de una marcha conocida, entramos derechitas con miedo de torcernos el pie, la caída del birrete o cosas por el estilo que suelen suceder. Llegamos por fin, sanas y salvas a nuestros lugares después de haber cruzado la sala.

En frente de mi a unos cinco metros, la sinfónica de no sé dónde, tocaba a todo volumen y un hombre de mediana estatura de tez blanca y bien peinado, dirigía, pensé que ese no serviría para una película en la cual necesitará un director de orquesta, estaba demasiado bien peinado y arreglado.

Al centro del escenario una mesa muy larga y en ella, sentadas como veinte  personas entre ellas, las monjas, profesores y maestras. Al otro extremo, el que conducía la ceremonia, “ese si serviría para una película, aunque ésta debiera ser cómica”.

Al fondo, una pared de madera y en ella el gran banderín azul con el escudo de la Universidad Motolinia.

Todo había empezado, melodías de Chopin, Bach, en fin. Un largo y muy interesante sermón dado por un maestro y empezaron las graduaciones. Primero las de la facultad de Química, Derecho, Idiomas y así todas las carreras hasta llegar a la prepa.

-          Y ahora, la graduación de las señoritas de Área II, en el Área de Ciencias Químico-biológicas  pasamos cada una. Amexcua (maestro de Cálculo que la odio) cambio mi borla de un lado del birrete al otro lado.

Para la escuela y para la sociedad, estaba graduada, bajé por el otro lado del escenario, después de haberle dado la mano sin guante a un par de monjas y regresé a mi lugar., en donde escuché, absorta en mis pensamientos, a la sinfónica tocando otra melodía de Chopin.

“Es increíble como he entrado de repente al mundo de los adultos, sin darme cuenta realmente, no sé si es ya haber hecho el amor, tal vez eso contribuyó de alguna manera, ¡Claro! Debió ser eso, hacer el amor es cosa de adultos, es una responsabilidad. Soy ya una señorita, a la universidad, también sólo entran los adultos y sólo ellos deciden un camino. Ya he terminado, ahora es mi decisión lo que elija, tal vez también por esto ahora, por fin me sienta adulta. No me disgusta, sé que me hace extraña y sin embargo, no puedo perder esos rasgos infantiles que tengo, no debo, son los que más me acercan a ser persona. Como quisiera ahora, que esto fuese una película. Yo en este lugar, tranquila, sentada, escuchando llena de paz y rodeada de gente llena de paz también, ésta es una escena que combinada con lo que Leonardo está haciendo ahora, quizá vendándose una pierna; ahora mi escena, cambiando la posición de mis manos, con la vista fija en la orquesta; ahora él, caminando entre los jugadores, moviendo los brazos adelante y hacia atrás y la cabeza en círculos. Ahora yo me hecho aire con el guante en la cara, sigo viendo atenta los violines y el piano que van al mismo ritmo y que se oyen tan diferentes, ahora él que entra corriendo al campo cuando un entrenador golpea quedito su espalda en señal de que debe entrar, ahora yo, que muevo la cabeza despacio al son de aquella música que me encanta; ahora él que atrapa la pelota y corre, en cámara lenta , dos detrás de él que caen al suelo , ¡Anota! ahora yo que aplaudo con una sonrisa en los labios y que me pongo de pie mientras escucho el estallido de las palmas en la sala y que me hace despertar de mi sueño. Ja, seguramente sería una buena película y . . .  iré por más en este mundo de adultos, seguiré soñando y llegaré alto”…

Humberto Cravioto, canto, habría una sorpresa y era él. Canta preciosa y nos tenia a todas con la boca abierta.

Júrame, que aunque pase mucho tiempo

No olvidaras el momento en que yo te conocí. . .

“mi abuelo…”

-          ¡Área II a la foto!

Posamos para muchísimas cámaras fotográficas y después de una foto de Marcela, Adriana y yo, nos fuimos.

Yo me fui con mi papá y mi abuela. Comimos y después me fueron a dejar al hospital.  Mi abuelo estaba muy mal y cuando lo vi, me hizo llorar en silencio… y sus brazos delgados… Ese día, cuando regresé a mi casa, con Arturo, hicimos Leonardo y yo el amor, después de que Arturo se había dormido claro, mamá no estaba y lo hicimos con gusto; creo haber llegado una vez, acabè agotada y llena moralmente –“él es mío, así lo siento” lo pensé y lo dije.

Ahora, lunes 10:30 de la noche, me duele TODO a las 8 de la mañana salimos Marcela, Lourdes y yo a correr, hicimos ejercicios gruesos de  las 8:30 después de correr hasta las 10 que ya no podíamos más, fuimos al mercado a tomarnos un jugo.  Fui a ver a mi abuelo.

 

VACACIONES,

 POR FIN VACACIONES

Martes 25 de junio de 1985

¿Descansar? Llevamos dos días de vacaciones y no he parado; ¡me duele hasta el apellido! Hemos hecho los 2 días gimnasia de 8 a 10:30, cuando acabamos agotadas y casi aburridas, no paramos y las tres “gordas” nos sentimos desmayar después de un rato de haber terminado “ME DUELE TODO”  y espero que en unos días, me duela menos; creo que sí, es lógico.

Ahora peso 35 kilos con una estatura de 1.63 aproximadamente, espero bajar 5 kilos, tener cintura, el busto y estomago duros, no pido más. Después ya veré que hago con el pelo.

Leonardo no vino ayer, pero si hoy, llegó a las 6:30 cuando yo ya estaba resignada a no verlo hoy tampoco. Las tres estábamos echadas en la cama de mi recamará oyendo música y criticando a cuantos pasaban por nuestra mente.

Se fumó un cigarro y platicó con Lourdes del ejercicio, gritándose e insultándose como siempre, acabando por golpearse bruscamente y atacarse de la risa. Marcela escribía una dedicatoria al principio de mi diario y yo, sin zapatos con las piernas dobladas y cruzadas, oía y veía la escena, estaba de muy mal humor y no discutiría esta vez.

Pronto ellas se fueron, una tras la otra y nos quedamos solos. Oíamos música y platicamos hasta que llegó mamá, Marcos y Arturo de Aurrera. Traían helado que comimos todos con gusto en unas copas de cristal.

-          Haz de cuenta que soy tu amigo, O.K.

-          O.K.

-          Oye Cris, corta a tu novio mira que yo tengo un Rolls Roys y te puedo pasear a todos lados

-          No, no me interesa

-          Pero mira que te quiero desde que te conocí

¿En serios? No te creo, no puede ser

-          En serio, corta a tu novio anda conmigo Cristina. El nunca viene a verte ¿Qué hace los sábados y domingos? Lo he visto con una chava ha de ser su amante

-          No, él no tiene amante y los sábados viene a verme

-          En serio, Bueno hagamos el amor 

-          ¿Qué? Estas loquito

-          ¿Por qué? bueno, dame un beso, ándale sólo uno; que tiene un beso, ándale tu novio no va a enterarse nunca

-          ¿Y eso que tiene? No, no voy a darte nada, sólo puedo ser tu amiga

-          Bueno, dame un beso de amigos

-          No, los amigos no se besan

-          Sólo uno

-          No, no puedo, ahora es un beso, después otro y luego todo como me pasó con Leonardo. No, ni uno…

 

Se atacó de la risa y yo también, agregando

-          Hay, pero igualito, si todos son iguales. Ya Leonardo, ya sé ¿Tú harías eso? ¿Tú le insistirías así a una chava, sabiendo que tiene novio?

-          No, no sé, nunca me ha pasado y ¿a ti te ha pasado? ¿Por qué dijiste que todos son iguales?

-          Si me ha pasado

Recordaba a aquel niño piloto que conocí aquella noche en que llovía y yo salía corriendo y mojándome, de mi clase de cálculo.

Había quedado de pasar por mí al otro día como a las 4 o 5 y así lo hizo.

Me llevó a tomar un helado en la Danesa y luego me llevó a un parquecito por el pedregal, me tomaba la mano igual que lo hacía Leonardo en su actuación, me pedía un beso, me abrumaba, me trataba de abrazar y besar y me decía cosas iguales que Leonardo; yo tengo coche, te llevaré a todos lados, corta a tu novio, me encantas desde el primer momento en que te vi, ¿Qué es un beso? Dámelo como amigos. Y yo, respondía cosas como,

-          No tengo novio ¿Qué te parecería que te lo hicieran a ti? No porque primero es un beso y luego otro y luego todo, etc.   IGUAL.

 

Ese día, al regresar del parque, me prometió no volver a tocar el tema y lo cumplió todo el camino, sus manos eran igualitas a las  de Eduardo García, también su color y su estilo, por eso me encantaba, pero al igual que Ivanno era otro más que no me daba un gramo de seguridad, por lo que no lo cambiaría tampoco por Leonardo.

Quedamos de vernos otro día, el jueves siguiente a las 5, no, a las 6 y yo acepté, aunque sabía que rompería su promesa. Dieron las 6 de aquel jueves y no llegó, yo estaba arreglada y no llegó, pasaron 30 minutos y yo contenta, ya no lo esperaba. “Por fin me deshice de este”.

Sabía que si empezaba a hablar del tema, me despediría y tomaría mi camión hacia mi casa, ya llevaba una moneda de emergencia, en el zapato, pero eso me costaría más trabajo, aunque ya alguna vez lo había hecho.  Llegó 30 minutos después, pero llegó mi mamá que salió por el balcón con las instrucciones.

-          ¿Sabes qué? Ya se fue, te estuvo esperando hasta las 6:10, pero se tuvo que ir.

Ya había tomado su retraso como pretexto y no volvió.

-          ¿Y dime Cris, te ha pasado cuando, o sea en el tiempo que has andado conmigo?

-          Si

-          ¿Supongo que no vas a contarme?

-          Si tú quieres, si

-          A ver. . .

Le conté todo y dijo.

-          Te mereces una paleta de chocolate para mañana

-          Eso es decencia, servía para algo, eso es educación

-          Exacto, eso es educación y me voy tengo que estudiar. En un segundo estábamos los dos en la puerta.

-          Adiós

-          Bye

-          Cris,  ¿te acuerdas de esto?

 

Si hay días que vengo cansado, sucio de tiempo,

sin paramor, es que regreso del mundo, no del boque

no del sol, esos días compañera ponte alma nueva

para mi mas bella flor.

No sé porque me la cantó, no lo entendí, pero siento que su buen humor, sus bromas pesadas, su preocupación por mí, su sola presencia, son flores ya para mí, que por mucho tiempo no veía sino era materiales; ninguno de los 8 o 9 novios que había tenido, me habían dado flores imaginarias y que no se parecieran en nada a las rosas. Me miró a los ojos y me cantó ese pedazo de canción que me gusta tanto.

Marcos ya llegó de los Mochis, fue a ver el nacimiento de su hijo, fue hombre.

 

Miércoles 26 de junio de 1985

 

Estoy más adolorida que ayer.

 

Domingo 30 de junio de 1985

 

Acabo de saber cuánto valoro estos diarios y todo lo que en ellos he escrito y acaban de saberlo todos en esta casa y espero que no lo olviden.

Entre a mi cuarto semi enojada por el tiradero que hay en él. Necesitaba mi perfume que estaba en mi buró en donde hacia una media hora, había dejado un botella de 1 litro de alcohol llena. Ya no había buró, mi queridísimo hermano Arturo, había tomado el buró y otras cosas para jugar a la casita, olía rico, pero en el par de segundo en que crucé la recamara, no pude identificar el olor, hasta que vi la botella de alcohol tirada, sobre mis diarios, tome uno; el de hasta encima, era el tomo dos y las letras en el interior, aparecían grandes manchas de tinta azul todavía legibles. Empecé a llorar como tonta, no podía ser posible y seguramente todos estarían así. Tomé el siguiente y las manchas eran pocas ¡y el que sigue….! Estaba limpio…

Sequé pronto con la pistola aquel diario manchado y me dieron ganas de matar al que estuviera enfrente. Ahora, si se puede leer, pero es un desastre. Mi hermano… espero que se sienta muy mal.