TOMO VI

 

 

Jueves 12 de abril de 1984

 

El sábado 7 de abril fui al forense a ver una autopsia, Ramón no ha llegado y ya eran las 10 de la mañana, Marcela, Adriana, Héctor y yo estábamos con nuestras batas, muriéndonos de nervios, esperando a que llegará y con el olor a muertos que no nos dejaba en paz. Llegó, como ya era tarde, ya no había cadáveres que nosotros pudiéramos abrir y él tenía que dar una clase, en lo que buscaba un salón para darla, llegó un cadáver de un niño de 9 años que se llamaba Carlos y que murió de una caída de dos metros, se golpeó en la cabeza. Entramos y ahí estaba acostado con los ojos cerrados, desnudo, con las piernas vendadas, tenía una burbuja en la boca y sangre de un lado de la cara, los dedos de los pies que salían de las vendas, eran amarillos como cerosos. Muchas veces al estar en frente de él, me pareció dormido, lo veía respirar,  igual le pareció a Marcela y a Adriana. Pronto me acostumbré a verlo y al olor tan desagradable pero a lo que no me acostumbré fue al lugar tan sucio y tan  lleno de moscas que volaban alrededor del cadáver y de nosotras. En el cuarto, no sólo estábamos nosotros cuatro, también otros muchos estudiantes. Nosotras estábamos hasta los pies del cadáver que estaba en una plancha color plata, muy larga. Uno de los alumnos leyó los antecedentes o la historia de la muerte del niño y luego entró un señor alto, pelón, ponchado con cara de matón con un overol azul de trabajador, unas botas negras de hule y un delantal blanco de carnicero. Traía en las manos un serrucho de lámina todo sucio, un cuchillo grande y una cinta de medir. Lo midió, empezó la autopsia. El doctor Ramón, amigo de mis tías que nos invitó porque yo se lo pedí,  no hacía nada en si, sólo revisaba. El carnicero éste, hizo un corte con el cuchillo arriba de la cabeza, de oreja a oreja. Jaló el pelo y la piel hacia adelante y hacia atrás, quedando el cráneo totalmente descubierto y blanco. La piel se veía mojada, grisácea  y con venitas pequeñitas rojas y azules, ésta tapaba la cara por un frente. Con el serrucho, acomodó la cabeza de manera muy salvaje, poniéndola de lado y empezó a cortar, se oía como si cortará una madera, después, deteniendo la cara, arranco el cráneo, el cual tronó horrible, lo puso en la plancha junto al cuerpo, era blanco y hueco como una jícara. Metió las dos manos en la cabeza y sacó el cerebro entero, la sangre caía a la cubeta debajo de la cabeza y se oía como una llave de agua abierta.

Puso el cerebro muy cerca de nosotras y pudimos verlo bien, estaba precioso, grande como nunca imagine un cerebro, blanco, con divisiones, con venas y arterias, lo abrió y pudimos ver los cuerpos callosos; a mí fue lo que más me llamó la atención y me pareció increíble. Para ese momento los pies habían dejado de temblarme, mi estómago estaba ya en su lugar y mi corazón ya no me palpitaba rápidamente, ahora sólo quería ver más, ver todo detenidamente, cosa que era medio imposible desde el lugar en donde me encontraba. Ramón no nos dejaba ver, temiendo que nos fuéramos a desmayar o algo parecido. Después hizo un corte a lo largo del cuerpo, desde el cuello hasta el vientre del niño, la piel se abrió y era como un vil pellejo, grueso, blanco por dentro, que al jalarlo hacía los lados, tenía pegadas partes de músculo rojo. Las costillas se vieron como costillas de res y los intestinos se salieron y parecían bolsitas largas, amarillas y transparentes, brillantes, estos no dejaban ver lo que estaba abajo, pero el señor empezó a sacar todo, primero con el serrucho, corta las costillas de un lado y luego del otro, sacando una especie de tabla con músculos y con carne pegada que era el esternón, hizo a un lado   las costillas y sacó los pulmones.

Estos eran grandes y como el hígado que comemos, los partió y se veían muchas manchas más oscuras en él, lo cual quería decir que estaba afectado. Sacó el corazón que efectivamente tenía forma de corazón de color café-gris-color ladrillo y del tamaño  de mi puño. Lo abrió y se podía ver en el interior dos bolsas que son las cavidades izquierda y derecha. Después sacó el riñón, que era pequeño y en forma de fríjol. El estómago era transparente como una bolsa delgada y aplastada, sin forma, como una tela y estaba vacío, la vejiga no alcé a verla bien. Nos pidieron que saliéramos y el señor, puso el cerebro encima del estómago abierto en señal de haber terminado. Todos nos salimos y al pasar por donde está la cabeza llena de sangre y la cubeta, el olor se hizo concentrado, algo que no hubiera podido resistir por mucho tiempo. Ya estábamos más tranquilos, ya todo había pasado y a todos nos encantó, fue lo más interesante que en mi vida haya visto y no podía creer que yo hubiera aguantado. Todo el día olí a muerto y en la noche, después de hacer un trabajo de biología en la casa de Marcela para  la primera hora de la mañana del  lunes, asi que la noche fue muy corta y no tuve tiempo de pensar en los muertos antes de dormirme, me dormí y ya. Al otro día, nos levantamos temprano, pues íbamos a una kermes en la casa de Ardí. Marcheliux tenía que hacer la comida o sea que a las 11:30 salimos de su casa para subirnos al metro, ella ya estaba arreglada, pero yo aún tenía que ir a mi casa a cambiarme y así lo hice. A la 13:30 estábamos en casa de Adriana buscándola, la encontramos en uno de los pasillos, con la cara llena de pastel

-        Hola

-        Hay no, a mí que no me echen pastel

-        Hay Cristina, estas pérdida, te van a echar

En el estacionamiento había mucha gente y puestos adornados y con sus respectivos letreros.

No había saludado a nadie todavía cuando de pronto…

 

Sábado 14 de abril de 1984

 

…¡un pastelazo! ¡En la cara!, mi cabello estaba lleno de pastel y los ojos me dolían al tratar de abrirlos. Atrás de mí, Eduardo se moría de risa con el plato culpable en las manos. De ahí en adelante, me lavaba en una llave del estacionamiento y llegaba otro, como David o Armando y volvían a embarrarme toda la cara, me lavé como 5 veces y tuve que irme a lavar el pelo a la casa de Adriana. Después, ya no había pastelazos, durante todo el ajetreo, Mónica trató de hablarme (la exnovia de Ivanno) y yo también.

-        Hola ¡Qué asco! Hay que lavarnos, guacala y yo contestaba lo mismo… o casi lo mismo

Quiero que las cosas sigan así, sólo para molestar, quiero que se haga mi amiga y poco a poco, lo voy a lograr. Después me casaron con David, ese niño que estoy ahora segura de que le gusto, pues Adriana ya me dijo que él se lo ha comentado pero yo… paso y no es porque sea feo o sangrón, es lindísimo, caballeroso y atento, pero yo quedaría como un aloca, primero con Ivanno  y luego con David ¡NO GRACIAS!

En pocas palabras, me divertí mucho aunque Adriana mucho tiempo  nos dejó a solas a Marcela y a mí. Polo me trajo temprano, a las 6 de la tarde, porque debía arreglarme muy bien, debía pintarme y peinarme y debía recibir a mí tío que llegaba de España. A las 8 estaba ya guapa, agrandada y sentada frente a la sala internacional por donde debía salir al que tanto esperábamos, no sólo la hora que estuvimos ahí, sino desde hace seis años de nuestra vida. El avión llegó a tiempo y junto con el de Chelo, todos estábamos nerviosos, viendo a través del vidrio, a ver quién lo veía primero y no fui yo, tampoco recuerdo quien lo hizo, pero ahí estaba de negro como siempre, nervioso y apurado con sus maletas en la aduana, Chelo lo ayudaba. No puedo explicar lo que sentía, pero era hermoso, después de un tiempo pequeño, que a mí se me hizo enorme y que supongo que a todos les pasó lo mismo, salió, lo abrazó mi tía Ella, mi tía Ceci, después yo. Era él con canas, ya más viejo, pero más guapo que nunca, lo abracé muy fuerte y lloré sin poder controlarme. Dice que cuando empecé a llorar me reconoció, que estoy guapísima y que ya soy toda una señorita. De ahí al coche lloré y él me dijo:

-        Pero ya no llores mujer!!!!

Esa noche todos se desvelaron,  platicamos mucho con él y nos reímos. Yo hubiese deseado con toda el alma, ser pequeña como antes para que me sentará junto con él en sus rodillas y me hiciera reír  como antes lo hacía, por eso me sentí triste después cuando me iba a acostar, porque ya nada era lo mismo, ya no me pediría que le bailará o que le cantará una canción, ya no podría acariciarle la cara o abrazarlo todo el tiempo.

No puedo escribir toda la felicidad que aparte de esto sentí. ¡No quiero que se vaya! Aunque sé que eso tendrá que pasar. Toda la semana traté de regresar temprano para estar con él, le doy el beso de las buenas noches y me despido en las mañanas.  Fui al cine can él, el jueves y luego a tomar un café, nos dijo a Ceci y Adolfo y a mí:

-        Pienso venir más seguido a México, no saben cuanto duele estar lejos, no sé cómo voy a decirle a mi papá “ya me voy”. Yo pensé que si seguían hablando de eso, lloraría otra vez y sin poder controlarme. He comido y cenado con él y he tratado de disfrutarlo lo más posible, porque se irá otra vez hasta el otro lado del mundo y quien sabe hasta cuándo volveremos  a vernos.

¡Sin duda es el mejor tío que tengo!

 

 

No he visto a mis hermanos, pero mañana iremos a comer a casa de Carlos y ellos están invitados, ya quiero ver qué opina de la altura de mi hermano Beto.

 

El viernes fue el último día de clases, (ahora estoy por dos semanas de vacaciones) y fuimos a la Villa a una misa, toda la escuela, fue una misa realmente hermosa, me dieron ganas de llorar, pues sentí a Dios en todo aquel lugar y memoricé todo lo hermoso que tengo.

Hoy fui en la tarde a una audición de Viento Nuevo, estuvo súper, todo el condominio estaba ahí y cantábamos las que nos sabíamos, bailábamos y aplaudimos, fue muy padre todo. Me puse las botas que me trajo mi tío, están padres, pero a la gente de aquí no les gustan, entonces me hacen burla, porque como son de plástico y de colores… pero me importa poco.

 

¡Como me gustaría vivir en ese condominio…! (regalos de mi tío para mí: Una diadema, las botas, un cepillo, un anillo, un perfume y un collarcito)

 

Domingo 15 de abril de 1984

 

Hoy fue un día completo.

Temprano llegaron mis hermanos, grandotes, altos, preciosos y con tanto que los extrañaba me parecieron más. Yo todavía no me bañaba ni me arreglaba, pero pronto lo hice.  Cuando terminé, ya habían llegado Cecilia y su familia, Chelo también, todos nos íbamos al mercado en peregrinación, con mi abuelo y Pancho, ahí nos comimos unos tacos y compraron una que otra cosa.

Cuando regresamos Carmen y sus fieras ya había llegado y Carlos también. Todos estábamos preparados y sólo debíamos subir  a los coches e irnos. Hasta Enrique traía coche o sea que cupimos muy bien. Una hora de camino y luego conociendo la casa del tio Carlos, preciosa todo las paredes blancas, la alfombra gris, todo elegante y soleado. Yo platicaba con mi hermano Beto, de la escuela, de su novia, de lo que se me ocurriera. Puse música de Mocedades, Pedro Navajas, Pedro Infante, José José, bailé yo sola como loca, pero no me dio pena. ¡Hacía calor!

Salimos al jardín, tomaron miles de fotos, TOOOOODA la familia, los hombres de la casa, las mujeres, por familias, yo le pedí a Ceci que me regalará una, Pancho, mamá, Beto, Adrián, Arturo y yo (cuando las saquen, la pagaré aquí) Entramos y seguimos bebiendo y platicando. Más tarde comimos carnitas, barbacoa, arroz y pastel con fresas, delicioso. Después de comer, todos me pidieron que recitara y lo hice con gusto, quería que mi tío se llevará el mejor recuerdo de mí y le eché todas las ganas y me salió ¡SÚPER!

Más allá de cualquier ideología, mas allá de lo sabio y lo profano

              Soy parte del espacio,

                       soy la vida, por el hecho de

                                 ser, un SER HUMANO”

 

Como a las 5, después de una verdadera comida familiar y bonita, nos volvimos a subir a los coches, cada quien en donde venía  (yo con Carmen) y en una hora que a mí se me hizo eterna pues estoaba  muerta de cansancio, llegamos aquí.

Ahora casi todos se han ido a sus casas, menos Chelo y Carmen.

Yo estoy en la cama con el radio prendido, sin zapatos y sin medias oliendo el perfume tan rico de mi tío y dispuesta a dormirme un rato, pues  bailé y subí y bajé mucho, estoy cansada.

 

Después, seguiré bordando la carta que le estoy haciendo a mi tío Pancho, y empezaré con el cuento para mis primos que se me ha ocurrido hacerles.