TOMO XIII

Miércoles 2 de octubre de 1985


Bueno, pues las cosas han sucedido así, tan rápidas para unos como a mí, tan lentas para otros que aún no pueden creer lo que pasó. La ciudad sigue en movimiento, movimiento que a los que vivimos mas hacia el sur de la zona de desastre, sólo nos llega por televisión o por radio, hay varios inconscientes que creen que ya todo está bien, incluso que aquí no pasó nada, sin embargo, la gente ya no es la misma que antes en este lugar, ahora se espera el próximo temblor con angustia. Los poderes sienten todas las mañanas miedo de dejar a sus hijos en las escuelas, ya no es la misma la paciencia con la que antes entraban las señoras a los supers a escoger la mercancía, ya no se siente lo mismo al caminar por la calle junto a altos edificios, o al entrar a un cine, o a quedarse solo en un departamento, ya no es lo mismo, antes se vivía en paz y lo que nos daba temor era la conciencia personal; pero ahora, hemos conocido el dolor de una catástrofe, la hemos vivido, hemos conocido el llanto y hemos estado cerca de la muerte. Ahora sentimos que "nuestra Virgencita de Guadalupe" no nos libra de esto, que la vida tiene un precio tan alto y que sin embargo, el día menos pensado y en dos minutos podemos perderla, que estamos desprotegidos, que ni en nuestra propia casa, con la puerta cerrada con llave, podemos estar a salvo, es mas, ahora ¿quién sabe si la puerta cerrada con llave sea mas segura? En fin

Pasarán meses para que los que sólo se enteraron vuelvan a la tranquilidad; quizá mas de un año, para que quienes ayudamos y vimos muertos y oímos vivos entre los escombros, podamos olvidarnos de esas imágenes y podamos dormir; quizá dos años o más; para que los que perdieron a sus familiares y amigos, y que los sacaron muertos, los lloraron y los enterraron, puedan aceptarlo y digerirlo en la cabeza y en el alma; quizá mucho tiempo o toda la una vida a los que estuvieron horas, días, noches, bajo los escombros, el poder vivir con este recuerdo , con este trauma y con y con la falta quizá de una pierna, un brazo, un ojo, o el recuerdo insoportable de una persona querida muriendo a su lado, o encima, o del otro lado de la habitación escuchando sus gritos, su llanto, su desesperación. Será difícil para muchos, volver a encontrarse en un mundo seguro y con cosas que hay que hacer hoy y otras que se dejan para mañana, saber si valen la pena, si no. México ya no es el mismo, hemos cambiado.

Mi cuñado Francisco por ejemplo, está internado en el Hospital de La Raza. Lleva ya dos operaciones en la mano y ahora la tiene metida en el estómago para que se le cubra de carne. Su oído y su ojo ya están bien, pero él, su ánimo, su mente, están en otro lado. Parece triste y serio mientras bromea, no es el mismo de antes y nadie le exigirá que lo sea, creo que hay que entenderlo y espero que las psicólogas sepan que hacer con él. Hablando de la familia entera, creo que ahora están más unidos que nunca y eso me gusta y me hace sentir bien, no sé por qué.

Bueno, pero la vida que queda, sigue y sigue, hay en el ambiente una sensación de que la vida, la rutina misma está fuera de nuestras manos, se siente ahora que las cosas y los lugares, no siempre se quedan en su lugar y como están, estamos expuestos a cambios y sólo aquellos a los que no les da miedo el cambio, pueden salir adelante. Creo que hay que ser fuertes y sentarnos unos minutos al día para pensar si pasa algo con nosotros. Yo por ejemplo, siento de dos días para acá, todo el cuerpo flojo, se me han aguadado mis muslos, mis glúteos, mi estómago y mis pechos son gelatina ahora, parecen despegados de mis huesos y bailan independientes de estos, bajé tres kilos del 19 al 24, pero ahora me siento gorda.

Por otro lado, he soñado todas las noches y todas las horas de la noche, sueños raros y aveces desagradables en donde no tengo ninguna seguridad, ni siquiera despertando. La oscuridad cuando me acuesto ahora tiene un silencio extraño y es mas oscura, en parte por las cortinas nuevas, gruesas y pesadas, pero de todos modos, que me obligan a dormir boca arriba y en alerta. Espero que pronto se me pase esto, como se me pasó aquello del viejo imbécil que aventaba piedras y luz a mi ventana en la madrugada.

¿Qué pasará con Verónica? He tratado de localizarla todos los días. Enterró a su abuelita, a su tío, a su novio Edgardo, a la mamá de este, al hermano Rubén, a la hermana de 17 años y a Enrique, el hermano mayor de Edgardo que hace un par de semanas me había llamado para invitarme a salir y para contarme sus planes futuros que ya se le acabaron. No puede ser. Si yo me siento mal por todo esto ¡Verónica! pobrecilla, su tía se la ha llevado a Ixtapan de la sal desde el día que enterró al último, a Edgardo. Que bueno, pero aún así, le costará mucho trabajo superar esto aunque siempre ha sido muy fuerte. Como quisiera abrazarla.

"Después de la tormenta, sólo bajo los árboles sigue lloviendo" Cris.


Hoy por la mañana y después de no sé cuanto tiempo, quizás dos meses, Leonardo y yo pudimos hacer el amor de nuevo.


- ¿Qué te parece si vamos mañana al vapor por la mañana

- ¡Claro!


Me dijo ayer mientras veíamos sin ver, la tele, tumbados en unos cojines en la alfombra de mi cuarto limpio y oscuro, su cabeza estaba entre mis piernas y su voz se escuchaba cansada, ya era tarde. Una vez se me quedó dormido durante un juego de americano y tuve ganas de que esta casa fuera mía como este cuarto, para poder sin problemas acostarlo, quitarle los zapatos y los pantalones y taparlo con mis sábanas y mis cobertores, acostándome junto a él y soñando de una forma mas fácil, que soy la perfecta pareja para él, de otra forma no estaría dormido a mi lado.


A las 10:30 recibí su llamada y 20 minutos más tarde vino por mí. Era el mismo lugar que la vez pasada cuando fuimos por primera vez al turco individual. Hicimos el amor 3 veces, la primera, el sentado en la banca del cuartito de vapor y yo sobre el con las piernas abiertas y dobladas, no llegué. El sillón de psiquiatra cubierto por toallas y rechinando al movimiento, fue el escenario con fondo de mosaicos blancos y húmedos para la segunda vez, primero yo sobre él, después la posición perfecta. La tercera fue cuando ya nos habíamos bañado por completo y nos habíamos hecho bromas bajo el chorro de agua de la regadera de presión; fue en el cuartito de vapor, con mi pierna izquierda sobre la barra, los dos de pie, yo con el cuerpo recargado en la pared y mi pie derecho en punta; él con un brazo rodeando mi cuello, con su boca en la mía, con su pene dentro de mí, con sus piernas semidobladas y su movimiento cadencioso. ¡Llegamos los dos! Fue padre y no sentí la necesidad de masturbarme después, sólo por eso sé que llegué. Me sentía satisfecha. Sin embargo hay algo que quiero escribir ahora. Siento placer sólo de verlo desnudo, de sentir sus manos, pero no sé, siento placer al hacer el amor, pero creo, analizándolo, pienso que es más placer mental que físico. Cuando me masturbo por ejemplo, el placer físico es muy grande, siempre completo, pero me falta algo, otra persona, compañía, para sentirme bien también mentalmente. Cuando estoy con Leonardo es al revés, el placer mental es satisfecho, en parte a veces, pero sólo aveces por completo, (esto por como es Leonardo conmigo que muchas veces lo siento tan lejos de mí, como si estuviera con un desconocido con el que hay que tener cuidado) Pero el placer físico no sé. Si siento placer y excitación, pero nunca como cuando yo me masturbo, mis músculos no se ponen duros ni tiemblo, ni se me va la respiración, ni sudo, ni nada de esas cosas que puedo provocarme yo sola ¿en dónde estará la respuesta? Hay veces que tengo que fingir por agotamiento o para que se sienta bien, diciéndole que ya llegué, pero no sé si he llegado y quizá no lo sepa hasta que llegue en serio por primera vez con él. Quizá aquella en aquella ocasión en que por primera vez hicimos la posición perfecta y que creo haber sentido algo mas, fue lo mas que se puede sentir, quizá no haya mas que eso y lo único que puedo decir, es que es increíble, hablando de resultados mentales. Me siento feliz, tranquila después de hacerlo, quizá ilusionada o ingenua pensando que después de aquello, Leonardo es un poco mas de mí y que lo conozco mejor que antes.