TOMO VII

 

 

Sábado 8 de septiembre de 1984

 

-¡Qué crees Marcela!

-¡Qué!

-que mi madre ya consiguió un departamento, pero ¡imaginate! Está en una colonia que se llama la independencia ¡te imaginas eso? ¡Ha de ser una porquería de lugar!

-¡idiota!!!!!! Esa es mi colonia…

No sé qué siento o qué debo sentir de todo esto.

Mamá consiguió el departamento hace como un mes y medio, un señor de su oficina se lo consiguió. Resulta como primera casualidad, que la casa de Marcela está a la vuelta y como segunda causalidad, el dichosos dueño es un señor conocido de mi mamá de hace años que después de unas cuantas vueltas, decidió rentárselo por fin. Le pagaron una parte de todo lo que le debían en el trabajo y de ahí, pagó las tres rentas adelantadas y le dieron las llaves.

Hace meses llegué a esta casa a vivir con mi abuela, con mi abuelo y mi tía. Hay muchos recuerdos que dejo aquí para siempre.

Pensé que vivir aquí sería horrible, pero no lo fue. Debería darme mucha emoción el que nos vayamos a nuestra casa, por fin solas, otra vez, con nuestra intimidad con nuestras soluciones y nuestros problemas que resolver, con nuestra comida, nuestras toallas, nuestros cubiertos y todo lo nuestro, pero no, no me da emoción, me da igual.

Mamá ya no es la misma, ya tiene a su Marcos con él que comparte todo y hasta mi casa la va a compartir con él, hasta mis comidas, mis cubiertos, mis problemas y mis soluciones. Todo hasta quizá mis toallas o nuestras toallas. Si busca un camión para la mudanza, lo hace con él, si se trata de poner un foco a arreglar un mueble, él lo hace, cosas que antes hacíamos ella y yo, con ganas, con ilusión, pues ahora, las ganas me las guardo y la ilusión…. Se va sola ya.

 

¡Oh Dios! ¿Por qué nada es como antes? ¿Por qué nada es lo mismo nunca? ¿Por qué la vida cambia a su antojo a las gentes, a las situaciones, a las cosas? ¿Por qué? ¡Quizá nunca lo sepa. Además el edificio esta horrible. No conozco la casa aún, pero mañana iremos temprano y seguramente… No sé.