TOMO XIX

Miércoles 14 de agosto de 1985

 

Hoy se acabó mi papá, está muerto. Hoy se acabaron mis hermanos de mi parte no tendrán nada. Hoy se acabó mi mamá también, espero salir pronto de esta casa.

 

Jueves 15 de agosto de 1985

Hay cosas tristes que tengo que escribir, pero ahora no quiero pensar en ellas. Leonardo dejó esta mañana sus cassettes en mi casa y en uno de ellos hay una canción divina que él me dedicó un día, hace algún tiempo ya y que cada vez que la oímos me dice que esta canción la escribieron para mí.

                Yo sabré hallarte el modo.

En diciembre, siglo XX, siglo loco de atar, queda aún una linda que sabe eternizar un no cristalino, espartano y singular; remembranza viva del recato estilo moro.

Yo no sé si su velo la hace mas mujer, o si envuelta en su manto tiene algo que esconder, acaso ella piensa que tiene mucho más que perder; pero todos la critican o la envidian o la miran con azoro.

Yo sabré hallarte, yo sabré hallarte el modo.

Disque guarda con celo un duelo ancestral, por su estirpe o escudos o minas de sal y no sé qué memorias de un galán ideal, retrato vivo del buen trato y el decoro.

He aquí que vacila un dejo burlón por su tono encumbrado de tradición y sería la misma rumbo al paredón, que a tanta altura no la daña nunca el lodo.

Yo sabré hallarte, yo sabré hallarte el modo.

Es capaz de inmolarse por no echarse a perder. Pide con su sola presencia respeto a su parecer.

Yo te admiro, te adoro creyente final, conservas en pobreza lo que no compra el metal, de la nueva nobleza ansiosa y banal que encubre sus desatinos en guantes de oro.

Y con todo, y con todo, no debieras creer que alcanzas con tus ritos a ser más que mujer, ni menos tampoco, nada de esto digo para tu desdoro.

Yo sabré hallarte, yo sabré hallarte el modo.

Canción de Onta. Pues sí, así me gustaría ser realmente.

 

19 de agosto 1985

 

Bien, he tenido mucha flojera de escribir, porque lo que tengo que escribir me paraliza y preferiría olvidarlo pero… mejor lo olvido después de escribirlo.

Aquel miércoles 14, después de pasar un martes completo en casa de mi tía Carmen cuidando a sus hijos, llegué a mi casa y volví a salir como a las cinco de la tarde pero ya bañada y arreglada de una manera súper sencilla pero hermosa de la cara, realmente hermosa y así me dirigí a casa de mi abuela Carmen, con un hoyo en el estómago, otro en el pecho y uno más en la cabeza. El tema del que le hablaría… Arturo. No sabía cómo empezar y ni quise pensar en ello, ya saldría. Cuando llegué y toqué el timbre, supe que ya estaba frente a aquella puerta y volví de lo zombie que iba en el camino hacia allá.

Mi abuela abrió la puerta y la sorpresa hizo que su cara se desfigurara un poco lo cual corrigió en seguida.

-        Pasa mijita, pasa, estaba tejiendo allá arriba y… mejor nos quedamos aquí, siéntate.

(No tengo ganas de escribirlo definitivamente, no debería ocupar más de una hoja en esto)

 

Miércoles 21 de agosto de 1985

Total que nos sentamos en la sala y después de hablar de cosas realmente triviales, que llega mi papá ¡Mi papá! El mundo se me cayó encima y él hizo una cara de real satisfacción por haberme cachado ahí con mi abuela. Salió inmediatamente por no sé que al coche y en ese momento aproveché para hablar

-        Sabes qué abuelita, yo venía a hablar contigo pero creo que ya no voy a poder.

-        Pero vamos mijita, si tienes algún problema…

-        No, no es de mí sino de Arturo de quién quería hablarte…

Llegó mi padre de nuevo y como tres cuartos de hora más se siguieron hablando de cosas triviales, mi padre dijo que se iba pero yo le dije que no se molestara, que la que se iba era yo. Ahí empezó la discusión que duró tanto tiempo que no sé cuánto, y en donde se dijeron cosas muy gruesas como:

-        Es que entiende papá que no te casaste con mi abuelita, eso es lo que tú querías, que mi mamá fuera idéntica a mi abuela, no querías casarte con mi mamá sino con mi abuela

-        ¡No es cierto!

-        Si, entonces deja de comparar

-        Es que yo jamás tendría un plato fuera de su lugar porque tu abuelo se enojaba…

-        Bueno abuelita, he oído muchos comentarios y por ellos sé cómo era mi abuelo, todo un caballero parece, ya me imagino cómo te ha de haber tratado, supongo y estoy segura que jamás te levantó un dedo

-        Yo traté bien a tu madre

-        ¡Yo estaba ahí papá! Yo viví los pleitos y los golpes y el miedo a que llegaras, yo lo vi todo.

Y acabé, después de llorar, gritar y discutir puras cosas gruesas diciendo:

-        Bueno, sólo espero que Arturo oiga bien como hasta ahora, que tenga bien los dientes, que se bañe, que vaya a la escuela, que duerma en sábanas limpias y que siga leyendo libros por que lee mucho, sólo eso espero

-        No tienes que preocuparte por eso y…

-        Bueno ya, me voy ya, no soporto oír una palabra más de tu parte y ya no te preocupes por mi tampoco, porque yo hoy voy a dejar de preocuparme por ti y por mis hermanos y por mi mamá y por todo, ahora mi vida es mi vida, en realidad la única que puedo tomar en mis manos y haré con ella lo que quiera como todos ustedes

-        Es que soy tu padre y te amo y me preocupas y tengo que apoyarte

-        No gracias, tu ayuda no me sirve de nada. Tantas cosas horribles me has dicho que a la mera hora no eran ciertas que ya no puedo creer nada, tantas cosas que creí eternas y se me acabaron, que ya aprendí que algún día se acaban las cosas más queridas.

Total, la discusión siguió y siguió y siguió hasta que abrí la puerta.

-        Yo te voy a llevar

-        No, no quiero oírte mas

-        Sí, que tu papá te lleve, se van los dos en silencio todo el camino.

Pues sí, no habló para nada en un buen tramo del camino, pero yo sabía que empezaría en algún momento y empezó. Abrí la portezuela en el primer alto y traté de bajarme pero sentí su brazo en el mío con sus típicas maneras y volví al segundo al asiento. Seguí escuchando, yo en absoluto silencio todo el discurso mil veces dicho y oído. No emití un sonido hasta que cerré la puerta de mi viejo y oscuro edificio y lo dejé afuera diciendo que me amaba y que Arturo estaría bien.

Me sentí mal, muy MAL, me recargué en la puerta con la cara empapada en lágrimas frente a la soledad y el silencio amargo del pasillo y las escaleras. Lloré y lloré  hasta que pude ahogar el resto del llanto dentro de mí y sentada en las escaleras con la cabeza entre las piernas y los brazos apretándome fuerte, había sido una batalla perdida.

“¡Esta es la última vez, no vuelvo a preocuparme por esta partida familia, no vuelvo a llorar por uno de mis hermanos, ni volveré a buscarles, si quieren que lo hagan ellos, es mucho ya, no intentaré componer nada, basta, cada uno toma sus decisiones y yo en medio de todo. Pinche Arturo, se va a arrepentir un día… ya, ya, ya… mi papá jamás volverá a escucharme, eso lo juro y mamá, la egoísta consagrada de esta familia me tendrá de lejitos hasta que pueda largarme de aquí!”

Ya era tarde y Leonardo pasaría por mí para ir al cine (los miércoles es a la mitad de precio y esta vez yo había invitado) Me maquille de nuevo tratando en vano de disimular mis ojos llorosos ¿quién me decía que le gustaban mis ojos cuando había llorado? Hugo creo, Leonardo nunca me diría cosas así. Llegó mi mamá

-        Ahora no puedo contarte nada

Y después Leonardo que si no hubiera llegado pronto me hubiese vuelto loca en mi recámara, desahogándome con la cara metida en las almohadas, porque todavía no había sacado todo y aunque iba triste, siempre… Leonardo lo cambia todo; cómo podría yo cambiarlo todo para él cuando las cosas no le van bien. Me enteré por una muy clásica indiscreción de Lourdes esta mañana de que lo bajaron al último equipo del americano. Ha de estar deshecho. Al otro día de esto o algo así, Alba, (única amiga del Franco Español que me queda) vino a comer a la casa preguntándome cómo estaba y uno tiene tantas veces que contestar que “bien” que no me acuerdo ya cuántas he sido así de mentirosa. Nos la pasamos padre a pesar de todo. Mientras ella estaba aquí llegó mi padre. Bajé y le dije “hola” así, sin beso, sin “papá” sin acercármele, sin nada, no puse atención a lo que me dijo en unos 15 minutos, no lo recuerdo, no emití sonido alguno y me metí sin pensar en que aquello había sucedido.

El fin de semana, pasó entre futbol americano y música. El primer juego de Cóndores fue un escrimish en donde Leonardo no jugó nada bien. No volveré a ir a un juego, en primera hasta que me invite y en segunda hasta que juegue perfecto. No sé si sea una solución pero lo haré. Esa noche, la más fea de mi vida, fuimos en bola organizado por Lourdes (obvio) a cenar, pero para Leonardo y para mí, invitados a la mera hora, todo fue precipitado. No llevábamos más que 500 pesos que yo le pedí a mi mamá y ya. O sea que me sentía pésima. ¡NO VUELVO A SALIR CON LEONARDO EN BOLA SI NINGUNO DE LOS DOS TRAEMOS SUFICIENTE DINERO! ¡PERO SUFICIENTE DINERO! COMO PARA PASARNOSLA BIEN.

Él no quería ir, ni yo, pero no nos dejaron opinar y fue tan rápido que nosotros no hablamos, yo prefería estar aburrida con él y agusto que ir a cenar crepas sin un quinto y desagusto ¡No, no volverá a pasar!

El segundo juego fue el domingo y en el campo de Guardias Presidenciales. Fernando, ex novio (ahorita explico) de Marcela couchea en Ponys uno de los equipos del partido.

El viernes 16 hablé con Adriana, Marcela y Fernando cumplían 4 meses y el imbécil no le había hablado a Marcela en todo el día y Adriana sabía por qué. El idiota se había ido desde temprano con una escuincla de la cual ya sospechábamos y Marcela no lo sabía, entonces surgió un plan: Yo llevaría a Marcela al partido del domingo, nos sentaríamos en las gradas de los contrarios, vigilaríamos a Fernando, Eduardo nos enseñaría quien era la chava a la cual vigilaríamos también, esperaríamos a que terminara el partido, los veríamos juntos seguramente y entonces Marcela se acercaría a Fernando para que se desmayara de la impresión el estúpido.

Así sucedió todo, justo así y yo me divertí como nunca porque me cae tan mal Fernando y es tan desgraciado que se lo merece. Además demostró lo tan maricón que es, no saludó a Marcela, cuando las dos estuvieron juntas, soltó la bicicleta que traía y se echo a correr sin volver de nuevo nunca. Por Dios, esas son niñerías y aunque Marcela está muy triste, que bueno que esto sucedió ahora y no después, porque el tiempo pesa más que nada y se confunde con cariño, además  Marcela tiene ya otros pretendientes Beto, el más importante y Cosme.

Mamá ya compró la cantina, está hermosa y el préstamo que le iban a dar de 900 mil pesos se suspendió.

Sigo sin encontrar trabajo porque sigo sin buscarlo ¿Cuánto tiempo pasará así? Los días ya son eternos.

¡Aaaaaaah! El domingo después del juego fue al Vips de las antorchas y ahí estaban, iguales que siempre Griselda mi amiga de la primaria y sus casi hermanos, Enrique y Fernando, me dio tanto, pero tantísimo gusto verlos, eran los mismos por fuera pero no por dentro y no pude demostrarles lo que son y lo que significan para mí, no pude porque… ya crecimos. Pero por fin, después de cinco años exactos vuelvo a ver a Gris y después me la pasé muy bien, ahora nos veremos más seguido. Quedé de ir este fin de semana a Cuernavaca, pero no creo, mamá no tiene ni un quinto, iré hasta el otro.

Leonardo me ayuda a hacer cuentas para ver cuando podemos hacer el amor.

23 de agosto de 1985

 

Por la mañana Leonardo vino con un libro de planificación familiar. Yo tenía miedo de hacerlo según nuestras cuentas, me baja hasta el día 28 y era para mí muy precipitado hacerlo hoy, pero trajo el libro para que los dos nos convenciéramos de que si lo hacíamos hoy no pasaría nada y parece que me enseñará a contar los días fértiles y los que no lo son.

-        Mira que dice “El Ritmo: este método se basa en la abstinencia de las relaciones sexuales durante los días fértiles del ciclo menstrual de una mujer”

Esto por supuesto que yo ya lo sabía, lo he oído tantas veces como lo siguiente, pero en esto creo que nunca puse atención en las clases de sexo que tuve en la escuela porque simplemente pensé que faltaba mucho para tener que interesarme en eso

“Se indica que la fecha de la ovulación se calcula en mujeres con ciclos regulares en catorce mas dos días antes de la menstruación siguiente, de manera que el periodo fecundo se obtiene anotando fechas en 12 meses, restando 17 días al ciclo más breve encontrado y 13 días al ciclo más largo. Los días que queden entre el sumado y lo ya restado, es el periodo fecundo”

Tuve un sueño por la noche, antes de esta mañana en que Leonardo llegó  con su libro.  Estaba embarazada, mi abdomen estaba hinchado y todos me felicitaban pero yo sentía una angustia horrible porque no había escrito en mi diario todo el embarazo ni había tejido nada. Preferí no contárselo.

Entonces hicimos el amor.

La mañana era muy fría, pero entre las sábanas y su cuerpo…

Besé sus hombros, su pecho, mientras él acariciaba mi espalda y mis caderas, bajé despacio y hundí toda mi cara en su estómago que se hundía también; mi mano tocaba sus piernas abriéndolas, después entre ellas, bajo sus testículos, sobre ellos recorriendo, apretando, soltando, apretando, soltando, mi boca llegó hasta la punta de su pene y mi lengua lo recorrió todo una y otra vez, fuerte y precisa, mientras mi brazo rodeaba su cintura y su cuerpo daba pequeños movimientos rápidos de placer mientras me dejaba oír sus casi imperceptibles gemidos. Fueron tres veces como siempre.