TOMO VII

 

Domingo 26 de agosto de 1984

 

No sé cómo empezar; en una semana se me declararon dos personas, contaré  la primera.

Después de toda la santa semana del 13 al 19 de este mes, de estarme rogando que saliera con él, acepté. El domingo pasaría por mí a la una de la tarde. Eduardo el licenciado (hasta me da coraje acordarme)

Pues sí, yo ya sospechaba que se me declararía y el sólo pensarlo me daba rabia y asco, me molestaba y hubiera preferido no haber aceptado, pero hay veces que no puedes negarte. Cuando vino por mí toda la familia se asomó y cuando regresé, no podía soportarlas más cuando empezaron a decirme que era un caballero, que ese si valía la pena, que notara la diferencia a los mocosos de 20 años con los que me juntaba, la única que me cayó bien fue Ella que piensa que un novio de mi edad es lo mejor.

Restaurante Chino, sentada frente a él, hombre blanco al que se le ven las venas bajo la piel roja, unos ojos saltones y feos, nariz grande y la boca hundida y perdida entre las barbas y el bigote negro que dejan ver las orejas grandes sobre un cuello rojo, arruado y poroso ¡GUACALA! Un hombre realmente decente y caballeroso, yo diría que estas dos cualidades son algo que le sobra a veces y llega hasta a molestarme. La comida estaba rica, aunque no supe nunca lo que realmente me estaba comiendo. Hablamos de todo y después de hablar del matrimonio cambiamos de tema y yo me sentí tranquila de ver que no había hecho ninguna alusión directa. Después fuimos al cine, pero como la función empezaba a las 6 y eran las 5, nos metimos a un Sanborns de Reforma a tomar un café y ¡zaz!

-        Me encantas y quiero pedirte que seas mi novia

-        No puedo, porque ahora tengo que estudiar eso es lo que quiero. Papá dice que no llegaré a ser nada en mi vida y tengo que demostrarle lo contrario y no quiero nada que lo interfiera.

-        Pero podríamos combinar actividades

-        No, no quiero que me pase lo que a mis tías, que no terminaron sus carreras por casarse. Si me quieres como amiga está bien, espero que lo entiendas.

-        Si lo entiendo y está bien, pero quizá con el tiempo… ¿te parece?

Sólo sonreí, no me quedó otra y cuando entramos al cine, me agarraba la mano, me la besaba y hasta me beso la mejilla, yo no sabía qué hacer y verlo, me daba rabia, asco, horror; sólo puede estar sería y harta. A pesar de lo que le dije, me llama “mi amor” que me choca y me pone de malas.

Me trajo a mi casa triste y preguntándome que me pasaba y yo le decía que nada. Me dejó y cuando subí aquí, no sé porque me puse muy simple, burlándome de sus ridiculeces y queriéndome olvidar de todo, hasta de que cuando llegué a casa lo que más deseaba era lavarme las manos.

Toda la semana tuve muchísimo trabajo, lleno de problemas y de nuevas experiencias.

Tuve cosas que me enseñaron que los jefes siempre se lavan las manos cuando hay un problema y tú tienes que echarte la culpa y sonreír, tuve que resolver algunos problemas y me encanta poder hacerlo.

Un día me fui a comer con Norma, Martha y Laura y estuvo con algunas molestias como las moscas, la salsa verde muy picosa en los sopes, pero finalmente estuvo bien.

Hoy domingo salí otra vez con Eduardo, porque se me hace imposible decirle que no quiero salir con él, mi mamá se enoja por qué no puedo decirle claramente que no quiero salir con él.

Fuimos a comer a un restaurante español y todo estuvo muy rico, el cabrito y la sopa. Después me preguntó que a dónde íbamos y yo le dije que me trajera a mi casa.

-        ¿Qué te pasa amor?

-        NADA

En el coche me tomó de la mano, me la besó y empezó a acariciarme el pelo, yo estaba fúrica, pero no le podía decir nada.

¿Por qué? No sé, por pendeja seguramente. Me agarró la cara e intentó besarme en la boca, pero me quité, trató de abrazarme y yo me puse dura y le dije que no. Se hizo hacia atrás y se puso rojo de vergüenza, cosa que a mí me dio gusto, manejó hasta la casa diciéndome que la tarde era verdaderamente linda y era verdad, había mucho sol y mucha claridad, hacia aire fresco, pero no frío y estaba chispeando, justo como me gustan las tardes, pero con él, nada era romántico. Traté durante el camino pensar en cómo sería mi vida con él. “¡Dios me libre! No me gusta, tiene 30 años y yo no me divertiría nada, sería de un día para otro, una señora de 30 años igual que él.  ¡NO! Cuando me dejó en la puerta me pidió disculpas por lo que intentó y ya.

 

Ahora voy a contar el segundo caso. Hace más de tres semanas, llegó un muchacho a la oficina a pedir una ficha y desde que lo vi entrar me gustó; después se lo comenté a Laura y ya fue todo ¡ha!  Ella me dijo que él, se  llamaba Domingo y que era amigo de Armando, aquel niño que me gustaba del CONALEP que un día estaba sentado frente a mí cuando escribía este diario.

Días después Domingo fue hacer su solicitud ya que, ya había pasado su examen y Laura a propósito, lo sentó en mi escritorio, bueno, junto a mí para que yo lo ayudase a hacer la solicitud y al cerrar mi cajón le machuque el dedo, estaba yo apenadísima y le di una curita, desde ahí nunca pensé volverlo a ver. Armando, Laura y yo, en lugar de planear una fiesta en casa de Laura, planeamos una salida, Laura tenía una fiesta de niños en la casa de unos parientes o sea que iríamos ahí y como acabaría  temprano, iríamos después a otro lugar. Armando  dijo que llevaría a su amigo Domingo, pero yo no lo creí. Me arreglé con toda la pereza del mundo, pero como siempre, me veía linda con mi vestido blanco; tenía la esperanza de conocer a alguien que me gustase. Tomé el metro y después de transbordar llegué al metro Tasqueña, a las  seis estaba ya en la panadería donde Laura pasaría por mí. Llegaron en el coche de Alfredo, venía él, Laura y Domingo. Cuando lo vi, no lo creía y cuando él me vio tampoco podía creerlo. Llegamos a la casa y nos presentaron a algunas personas, de pronto sin saber ni porque, ni quien, nos enjaretaron a Domingo y a mí una bebita como de dos meses a la que tuve en brazos, él me veía como tratándome de imaginar como mamá y le acariciaba la cara a la niña para que durmiera. Desde de las 6:30 hasta la 9:00 de la noche estuvimos platicando él y yo. Me enteré de que él se dice ateo, de que toca la guitarra, la mandolina, el contrabajo y una guitarra chiquita que no recuerdo su nombre. Da clases en la tarde a niños de primaria en una escuela, le gustan las canciones románticas de tríos y las rancheras y las toca. Algunas veces lo caché mirándome y otras me tomaba de la mano y comparaba su color muy moreno con el mío, blanco. Hablamos de nuestras familias y en fin, en realidad supe poco de él. Subimos al coche y nos dirigimos hacia una peña, pero estaba llena de gente. Total, que acabamos en un lugar donde tocaban rock pesado ¡horroso! Y luego contaban chistes groserísimos que acabaron por hacernos salir de ahí. Fuimos a dejar a Laura y de camino a mi casa, Armando aceptó irse de chofer, o sea que yo me fui atrás con Domingo. Tomó mi mano y me preguntó sobre mis anillos, y yo no sé qué le dije, lo tenía tan cerca de mí, oliendo su loción y viendo su cara, con su mano acariciando y jugando con la mía durante todo el camino, yo pensaba que no me importaba ¿Qué era una mano? Nada, no me importo ni qué pensará de mí, ni él, ni Armando, ¿soy libre no? Y es mi mano para que yo decida por ella, además pensé que me vería muy infantil si la quitaba, simplemente, no me interesó en lo más mínimo que hiciera con ella y empecé a acariciar la suya y a jugar con ella también. Armando y él hablaban, pero yo no ponía atención, sólo pensaba que él me gustaba y que diferencia con la mano de Eduardo, esa mano era fuerte, caliente y morena de un hombre como de los que me gustan, tenía 20 años y era romántico.

Unas cuadras antes de llegar a casa, beso suavemente mis manos y me dijo que tenía unas manos lindas, manos de pianista, que me las cuidara. De ahí en adelante, todo pas{o tan rápido, que nada pude pensar. - ¿En qué piensas? –En esto

-        Me gustas mucho

-        También tú

-        Quieres ser mi novia

-        ¿No crees que es muy rápido?

-        Tenemos que conocernos más?

-        Si ¿No crees?

-        Podemos conocernos de novios

-        No lo creo

Me tomó la cara y me recargó en su hombro, me besó en la mejilla y su bigote me hizo cosquillas. No sé si dijo:

-        “Esta bien” o que

Cuando mamá abrió la puerta y me despedí, dijo:

-        Nos vemos en la semana. Le di un beso de despedida y entré a la casa. Mi mano olía a su perfume, pero la ilusión que siento siempre, se hizo humo en la última vez. Dormí tranquila sin pensar en él. No quiero ilusionarme, tal vez fue sólo una noche y un rato del que no me arrepiento, pero si lo haría si estuviese esperándolo que me busque y no lo hace. No sabe mi teléfono, pero Laura lo tiene, además sabe donde trabajo y donde vivo, suficiente ¿No?

Ya me fui a inscribir a la escuela y mamá me tuvo que acompañar con todo su pesar. Ya debo 5 mil pesos de un vestido que compre, como vil burócrata en la  oficina (según mamá) y mañana lo extrenaré.

 

El viernes 31 es mi último día de trabajar en el CONALEP. El lunes 3 entro a la escuela.