Tomo X

13 de abril de 1985

 

Cuando despertamos recogimos nuestras cosas y en silencio, Leonardo y yo, quitamos y empacamos la tienda de campaña que yo llevaba – “Que ironía, tanto tiempo y a tantos campamentos que fui con esta tienda de campaña, en cadena como niña buena, con mi camisón largo y mi moñito en la cabeza a resolver pistas,  a hablar de Dios y de conocerse a sí mismo y ahora, pocos años después en la misma tienda, duermo con un niño y hago con el cosas “malas”, sin acordarme del moñito en la cabeza, ni de Dios, ni de conocerme a mí misma Ja”.

Todos a punto de subirnos a los coches, las cosas ya en las cajuelas, los coches ya prendidos, todo listo. Leonardo caminó hacía el coche de Beto y de Magda y yo estaba junto al otro coche “¡Falta uno acá!” gritó alguien del coche de Beto. Todos me miraron y esperaron a que yo dijera algo.

-          Yo me voy allá

Había tomado “la iniciativa”, según Leonardo

-          Si,  Cris y yo nos vamos acá. -Él ya estaba satisfecho de que yo haya sido la que decía algo al respecto y sin embargo me hizo otra jalada.

-          Pasa Rubén, ahora tu morro, ahora yo.

Ya iban 3 atrás, o sea que yo tendría que ir adelante con Beto y con Magda; sin él. Me enojé tanto, que cuando hicimos la pronta y primera parada en la tienda de antes de empezar el camino, me cambié de coche y me fui al otro.

-          Hola vecinos ¿Me aceptan aquí? Es que allá no cantan.

-          ¡Claro vecina! Vengase

El coche venía cargado, pero pareció no importarles. Yo adelante, con Manuel, Lourdes y Martha. Atrás Francisco, Ecatl, Noel y Ricardo. Veníamos oyendo la grabadora y después cantamos todos. Beto se sintió porque yo me fui, pero la verdad no le creí y a mí poco me importaba. Leonardo fue al coche.

-          ¿Qué onda, porque te viniste?

-          Porque ustedes son unos aguados, yo quiero cantar

-          Si, si, si, aquí nos dejas a la vecina

-          O.K., ¿tienen cigarros?

“Ándale”

El camino fue largo, el coche venía fallando y a tres x hora hasta acá. Llegamos a México y le pedí al vecino me trajera a mi casa, yo ya quería llegar.

Pensé que Leonardo no vendría, me sentía bien de haberle hecho lo que le hice, aunque no fuese mucho. En media hora vino. YO ya había comido y estaba a punto de meterme a bañar. Estaba lloviendo, estamos solos. Lo trate como si nada hubiese pasado. Nos besamos y empezó todo de nuevo, acabamos en el piso.

-          Aquí no -le dije - vamos a la cama

Me cargó, todo lo sabido, y su miembro apretaba contra mí a punto de entrar, sólo que mi mano lo sostenía con fuerza y mi voz decía no, de pronto un dolor y luego un ruido que nos hizo saltar a los dos en un segundo, el aire había azotado una ventana y . . .  No lo habíamos hecho . . .  Me calmé ya en el baño, desnuda de la cintura para abajo.

-          Ponte el short – me dijo después de haberme hecho llegar al orgasmo con su dedo.

Me condujo a la sala y se sentó, yo me hinqué frente a él.

-          Ahora te toca a ti.

Le bajé los shorts y lo intenté de nuevo con la boca, metiendo mis dientes entre los labios para evitar lastimarlo, pensando sólo en ellos; olía a sudor, pero no mal, lo intenté mucho tiempo, no lo logré nunca. Me dolían las mandíbulas y había estado a punto de ahogarme un par de veces, porque la punta de su pene tocaba mi garganta.  NO pude. Ahora con la mano lo logré. Vi salir su semen, un líquido blando que salía con irregularidad.  Sonreí.

-          Tienes una mano santa, cuatro días seguidos y todavía puedes. La mía es experta y la tuya santa.

-          Si porque ni la tuya es santa, ni la mía experta.

Se rió y me acarició el cabello, me besó y empezamos a hablar como me gusta hablar con él.

-          ¿Te gustó?

-          Si

-          ¿Llegaste?

-          Claro

Toda la semana lo he visto y hemos hablado. El 18 cumplimos 4 meses. Es muy poco. Hemos planeado que mañana lo vamos a hacer para festejarlo ¿Por qué mañana? Porque ahora estoy reglando.

-          ¿Sabes? Creo que la primera vez que lo hagas, te recomiendo que sea cuando estés enferma, para que sea natural, para que no sea con pastillas ni nada.

Lo quiero hacer, sin embargo, tengo dos miedos:

1.    Que me duela

2.    Que no sea como yo lo imaginé y que otro sueño se me venga abajo, haciendo que me arrepienta.

Sin embargo, pienso si no lo hago, estos  dos miedos no se me van a quitar, ¿La sociedad va a pagarme de algún modo un momento agradable si no lo hago?

Estoy consciente de lo que hago, ¿Quién va a decirme, o a adivinar que si lo hago voy a arrepentirme? Y ¿Quién podría decirme que si no lo hago no voy a arrepentirme? ¡Es mi decisión! Yo quiero decidirlo ¡Es mi vida! Y quiero vivirla como yo quiera. Sé lo que estoy haciendo, no me da miedo perder a Leonardo, sólo quiero saber lo que es hacer el amor, no para probar, sino porque creo que ya puedo saberlo; es una responsabilidad nueva que voy a adquirir, porque tendré que cuidarme, pero, me siento capaz de cumplir con mis responsabilidades y lo estoy  ¿Entonces?  Leonardo. . .  espero que me quiera, si no, puede dejarme después. Me va a doler y mucho, pero nunca me sentiré usada, porque yo lo estoy decidiendo.

Tengo una ilusión del mundo, espero regalarle la flor que más trabajo me ha costado cultivar, espero que lo entienda, espero que lo valore y que la cuide. Puede que sí, puede que no, es una carta que voy a jugar, puede que con ella gane, puede que pierda; pero esta vida es así, y él que no tira sus cartas cuando le toca o cuando lo siente, al final del juego o de la vida, se da cuenta que se quedó con todas en la mano y cuando se hacer las cuentas ese jugador, pierde más, por no haberse atrevido nunca.

¡Esta es mi vida y éstas son mis cartas, yo quiero jugar, quiero arriesgar para poder darme la oportunidad de ganar, si pierdo, sé que así como he sabido decidir qué hacer conmigo, así sabré perder y empezar a jugar de nuevo!

-          Oiga señor, ¿soy una virgen todavía?

-          Digamos Cris que. . . . un poquito virgen